Y La Riviera se vistió de Cardamomo

por | Ene 25, 2020 | Festivales | 0 Comentarios

Ketama calienta el Inverfest con un derroche de música y generosidad.

Los comensales con entrada por arriba, los de lista por la de abajo. La puerta de acceso es lo de menos, todos vamos a la misma fiesta.

Negros, dorados, mechas, abrigos largos, peinados de peluquería, pieles y boas. Trajes de noche, zapatillas blancas y lustrosos zapatos que reflejan la luz de las farolas. Esto es Madrid y estamos en el Rio, no es el Vicente Calderón, pero huele a casa y esta noche de enero el invierno ha dado cuartelillo. Excusa perfecta para airear los estilismos y avivar a los reporteros que esperan con sus focos junto a los de seguridad. Por suerte, a nadie se le ocurrió poner un photocall, La Riviera es un sitio serio.

Una vez dentro distribúyanse como puedan, no parece que haya lleno pero nunca se sabe. Los que piensen que venían a ver un concierto, mejor vayan pidiendo algo en barra. Eso si midiendo fuerzas, la noche apunta larga y la sala no es barata.

Unos minutos de espera extras con un escenario iluminado y bien equipado crean expectativa. Hoy es cita importante, los de arriba del escenario lo saben, los de abajo también. Un poquito de Niña Pastori, Triana y otros clásicos variados de rock, flamenco, o los dos juntos, rompen el hielo y amenizan la espera hasta pasadas las 9  que sale a escena la numerosa formación.

Percusión, batería, coros, bajo y vientos ocupan sus puestos, mientras José Miguel Carmona hace una intro de guitarra con un toque western agazapado al lado de la mesa de sonido. Está deseando que esto empiece.

La banda va tomando forma con la presencia de una base rítmica espectacular y la inigualable trompeta cubana de Machado que es como la trufa, todo lo que toca lo convierte en gloria.

Antonio aparece inesperadamente fuera del escenario en el islote de palmeras que nunca dejan ver. No era imprescindible innovar tan pronto y la velada es larga, pero bueno, parece que el mediano de los Carmona necesita romper el hielo, y al público le parece bien eso de calentar los móviles desde el minuto uno plantándolos delante del artista, en lugar de disfrutar sin filtros del inesperado privilegio. Pero no importa, son las 9:15, esto ha arrancado y no hay marcha atrás.

En principio la noche hace prever la receta que no falla. Temas de siempre, luces o proyecciones multicolor e invitados sorpresa. Muchos invitados sorpresa, cuantos más mejor. Pero esto es Ketama no lo olvidemos, no es la primera vez que inventan cosas. 

El repertorio empieza con Karta Kanción, el sonido es profundo, intenso. Magnífico. Le sigue una mezcla de Nebife, Borrachera y Cara. Cuatro temas unidos que despistan y dan un poco de cuartelillo a los fotógrafos del foso – normalmente al tercer tema hay que abandonarlo, normas de esta casa y de casi todas-. Ya en la sala y fuera del foso, la banda nos engancha fuerte del brazo con su Flor de Lis para que ni pensemos irnos.

Una vez pasada la bienvenida toca poner orden para que Antonio respire, ya son cinco canciones cara a cara con ese escenario que tanto echaba de menos. Y quién mejor que Rosario para hacerlo, un poco de aplomo, una ayudita y que la noche siga su curso.

Aparece radiante y tras los saludos una intro de guitarra nos hace creer que viene Se dejaba llevar por ti, de Antonio Vega, pero Rosario nos envenena y nos despista cantando como el ángel que es, cuando ella quiere, con otra del grande. El sitio de mi recreo.

Le siguieron las que todos conocemos, Me encanta, Loco. Parecía que lo más difícil estaba hecho, pero pasada casi la primera hora, la banda se relaja con unos momentos instrumentales con un toque intimista y se pierde algo de ritmo. No hay que olvidar nunca al hacer el set list que cuando el público ni canta, ni baila. Habla.

Retomamos la atención y nos subimos en marcha con Problema, y Moncho Chavea y Original Elías recitan Tan Agustito a ritmo de Flamenco Trap, zarandeando al público del cuello de la camisa. Vente Pa madrid y No estamos Locos parecían la señal de que esto iba a acabar, pero Señores, hoy estamos en la Casa de Los Carmona y toca fiesta.

En unos minutos y tras los típicos ¡Otra! La Riviera se convierte en un tablao improvisado con el flamenco más puro y auténtico a ritmo de cajón,  guitarra,  palmas y taconeo de la mano de hermanos, primos, amigos y todo miembro de la familia que pasara por allí, incluido el mismísimo Pepe Habichuela. Una improvisada fiesta gitana donde cualquiera, de la edad que fuera, sacaba su arte a relucir, y francamente, en eso del arte esta familia va bien servida.

Al final, con las luces de la sala ya encendidas, nos retiramos, eso si, con la sensación de no solo no haber visto un concierto más de este magnífico Inverfest, ya a mitad de trayecto a través de las noches de invierno madrileñas, sino también de haber sido testigos de la vuelta de una banda, que no solo llegó a ser grande por sus canciones, su música y su arte, sino por su enorme generosidad y capacidad de compartirlo todo con el que se acerque.

Por Álvaro Carva.

Fotografías de srsanches.

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